
Eco de dioses antiguos no anuncia lo sobrenatural: lo exhuma.
Bajo monasterios en ruina, criptas selladas y ciudades que fingen haber olvidado su nombre, algo anterior a Roma permanece despierto.
El marqués de Olot —aristócrata catalán, erudito de lo vedado, tolerado por el Vaticano allí donde su autoridad ya no alcanza— se adentra en dominios prohibidos: diosas enterradas que aún reclaman culto, inquisidores que se niegan a morir, reliquias que laten y linajes marcados por culpas que el tiempo no absuelve.
Cada relato es un descenso a la piedra viva, a la memoria que la Historia decidió borrar, a aquello que ni la fe ni la razón se atreven a nombrar.
Una prosa exacta y envolvente al servicio de una verdad inquietante: lo antiguo nunca se marchó; simplemente aguardó, paciente, bajo nuestros pies.
Un libro sobre pactos que no prescriben, sombras que saben cuándo llega su hora y nombres que el mundo intentó borrar… y no pudo.
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